Ampliación de el Prado
Los esfuerzos de Rafael Moneo por hacer parecer liviana la robusta estructura de acero del lucernario central.
La genialidad de Rafael Moneo de dejar a la vista, como testigo, sólo una parte de camisa externa de hormigón.
La astucia de Rafael Moneo al permitir al perdido visitante tener siempre una referencia de la luz exterior.
El detalle de Rafael Moneo de utilizar luz natural como fuente principal de iluminación de las obras.
La preocupación de Rafael Moneo de diseñar siempre unos edificios "vivibles" y agradables.Y muchas cosas más.
Y es que lo controvertido de la obra requiere acciones de relaciones públicas como esta y requerirá muchas más.
La verdad es que una vez dentro, y si has llegado sin reparar en la mole de ladrillo y piedra más idicada para sede de un ayuntamiento de provincias, en las chispas que saltan entre la iglesia de los Jerónimos y el nuevo edificio y en lo desentonado de algunos revestimientos de gratito en el hall de entrada, la experiencia nos es mala. Especialmente una vez recibidas las explicaciones de todos los esfuerzos hechos (y pagados).
Y yo sigo preguntándome ¿no hubiera sido mejor contribuir al desarrollo de otras zonas de Madrid distribuyendo la colección entre varios edificios?, ¿no hubiera sido más barato escoger para ello algún edificio de más sencilla adaptación?, ¿no mejoraría la experiencia de la visita al museo la deslocalización de parte de la colección evitando de esta forma la concentración en un sólo punto de la ciudad ya saturado?, ¿no contribuiría más a la conservación del patrimonio arquitéctónico la utilización de algún edificio alternativo?
Etiquetas: ampliación, arquitectura, el prado, Madrid, Moneo, museo, Rafael


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